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Mapa y Calles de Andorra

Andorra es un pequeño principado enclavado en los Pirineos entre España y Francia, con apenas 468 km² de superficie y una población que ronda los 80 000–89 000 habitantes, cuya capital, Andorra la Vella, es la más alta de Europa a más de mil metros sobre el nivel del mar; el país se organiza en siete parroquias y tiene como único idioma oficial el catalán, aunque el castellano, el francés y el portugués se escuchan a diario por la fuerte presencia de residentes extranjeros, que durante décadas superaron en número a los nacionales. Su historia se remonta al siglo IX y quedó definida por el pariaje de 1278, que instauró un singular coprincipado que hoy sigue vigente: los jefes de Estado son el presidente de la República Francesa y el obispo de Urgell, mientras el poder ejecutivo lo ejerce el Cap de Govern, actualmente Xavier Espot Zamora, bajo una Constitución aprobada en 1993 que transformó la antigua estructura feudal en una democracia parlamentaria moderna. El relieve es marcadamente montañoso, con 65 picos por encima de los 2 500 metros y la cima del Comapedrosa alcanzando los 2 946 metros; los valles del Valira del Norte, el Valira de Oriente y el Gran Valira articulan el territorio, y el paisaje incluye bosques de pinos y abetos, más de sesenta lagos de montaña y el valle de Madriu-Perafita-Claror, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Tradicionalmente agrícola y ganadera, la economía dio un giro a partir de la segunda mitad del siglo XX: el turismo, especialmente el esquí en estaciones como Grandvalira, y un comercio favorecido por una fiscalidad baja (con un IVA muy reducido) se convirtieron en los motores que aportan alrededor del ochenta por ciento del PIB, complementados por la banca y un sector de servicios muy desarrollado; aunque el país dejó de ser considerado paraíso fiscal para España en 2010, conserva una fuerte atracción por las compras libres de impuestos. No pertenece a la Unión Europea ni al espacio Schengen, pero mantiene acuerdos especiales, usa el euro desde 2002, carece de aeropuerto y ferrocarril propio y se conecta por carretera con Barcelona y Toulouse, mientras su alta esperanza de vida, que figura entre las más elevadas del mundo, y una oferta de más de doscientos hoteles y cientos de restaurantes reflejan el nivel de vida que ha convertido a este microestado en un destino peculiar donde conviven tradición pirenaica, singularidad institucional y modernidad turística.
